Tratado sobre la Demencia: el manicomio de Partida y Clouthier

Comunicadores del Bienestar

Culiacán, es el escenario de una comedia psiquiátrica protagonizada por dos tipicidades perfectas de la megalomanía moderna: el Oligarca del Rencor y el Periodista del Persecutorio, quienes, con sus espectáculos, exhiben que la decadencia humana no se encuentra en los hospitales de alienados, sino en la plaza pública, donde los locos transitan sin camisa de fuerza, convencidos de que el mundo gira en torno a sus delirios
El primero de ellos, Manuel Clouthier Carrillo, encarna la neurosis de la sangre azul provinciana. Es el hombre que confunde el patrimonio con la infalibilidad y la soberbia con la independencia. Su locura es una demencia estructurada sobre el desprecio. Mira a los gobiernos actuales, a la presidencia de la República y a las estructuras de Morena con la furia del terrateniente que ve a la masa heredar la tierra de “El Maquío”, su padre.

Su mente es un laboratorio de contradicciones: se dice libre de ataduras políticas, pero el fantasma de la gubernatura le devora el seso. Desea mandar sobre un pueblo al que, en el fondo, considera su materia prima. Su juicio es tan volátil que basta el más mínimo estímulo exterior -una imagen ficticia es un reflejo incómodo de sus propias locuras- para que la fina capa de su refinamiento aristocrático se rompa, liberando un torrente de ira vulgar y primitiva en el lodazal de las redes sociales.

En el extremo opuesto del patio del hospicio culichi habita Juan Manuel Partida, un ser devorado por la vanidad del teclado y el resentimiento de la relevancia perdida. Su locura es más ruidosa, más teatral. Convencido de que su imagen posee una pureza sepulcral, ha transformado su trinchera digital en un tribunal de fantasmas y de ataques personales.

Para este periodista desvariado, el universo entero conspira en su contra. En su mitomanía, los gobernantes, las instituciones y los capos del narcotráfico suspenden sus agendas solo para planear su ruina. Es el cinismo hecho método: insulta para existir, difama para sentirse vivo, y cuando la realidad no se ajusta a sus deseos, la fabrica mediante el engaño digital. Al igual que los viejos creadores de paradojas inservibles, vive atrapado en una comedia mental donde sus lectores no son más que un coro difuso destinado a validar su neurosis.

La tragedia de los locos es que, a veces, buscan reclutar a otros en su delirio. Juan Manuel Partida, en su afán de orquestar un frente de náufragos políticos, intentó unir mediante la magia de la Inteligencia Artificial el destino del oligarca Clouthier con el de otro heredero del viejo régimen, Mario Zamora Gastélum, ese espíritu melancólico que justifica su derrota pasada acusando a fuerzas oscuras del narcotráfico. Partida subió su “foto hechiza, con la figura de Clouthier y Zamora, levantando sus brazos u dijo que causan el terror en Morena.

La respuesta fue la explosión del manicomio citadino. Al verse retratado en una falsa unidad, el aristócrata estalló en bilis, arremetiendo contra el periodista con la furia del amo que se siente igualado por el siervo. Los insultos corrieron como fluidos infectos en la plaza pública de Facebook. Se revelaron tal como son: dos megalómanos incapaces de convivir en el mismo plano de realidad.

El pleito entre Clouthier y Partida es el choque inevitable de dos egocentrismos hipertrofiados. Uno, ciego por la soberbia de su cuna y sus aspiraciones dinásticas; el otro, extraviado en sus complejos y sus delirios de persecución. El ciudadano “rastreó” en la red digital esta riña no para buscar propuestas, sino para observar, con una mezcla de lástima y asco, cómo los hombres se destruyen a sí mismos cuando la ambición les vacía el cerebro.