Los medios de comunicación han tenido como principal modelo de negocio, la comercialización de espacios publicitarios, y como tal este es un acto lícito. Los gobiernos en todos los países democráticos, sin duda, han sido los mejores clientes. Los programas sociales y de salud, las actividades culturales, las acciones gubernamentales, etc., necesitan de los medios de comunicación para que la ciudadanía ejerza su derecho a estar informada.
Desafortunadamente una simple operación comercial como esta, nunca puede alejarse de la sombre de la sospecha, y ambos, gobierno y medios aún en las mejores y más transparentes intenciones, ya tienen «el chayote» como fantasma de esa relación.
Un sector de la población ha sido presa de la confusión y el sesgo ideológico y parece estar equivocando otra vez al adversario, asumiendo que toda aquella información que circulan los medios de comunicación que no resulta favorable a sus intereses políticos y personales es parte de la «prensa chayotera» descalificando al portador de la noticia y eludiendo el análisis del hecho en cuestión.
En el ideal del ejercicio responsable de un medio de comunicación, este informará a la ciudadanía de las acciones, logros y programas de los gobiernos en beneficio de la población, pero también denunciará y hará visibles aquellas situaciones que perjudican a la misma población, como actos de corrupción, gastos excesivos, malas decisiones o malos resultados.
Las instituciones y organismos de gobierno son para la prensa también fuentes de información. Los mecanismos de transparencia facultan a cualquier persona, incluidas las del gremio periodístico a solicitar información relacionada al ejercicio gubernamental dotándola de un carácter público, y es responsabilidad y obligación de dichas instituciones colaborar y brindar toda esta información.
Ambos supuestos éticos e ideales, son constantemente contrariados, por conveniencias de unos y otros y por tanto es menester de ambas partes asumir su responsabilidad histórica.
El gremio periodístico y de comunicación tiene grandes retos por delante. La precarización, la violencia, el riesgo en el ejercicio de la profesión y la romanización de sus limitados derechos laborales, contrasta con los privilegios y prebendas de empresarios y dueños que someten la línea editorial de sus medios a sus propios intereses y que acordes a los tiempos modernos han renunciado a la labor de explicar y analizar los hechos para privilegiar la opinión y la nota inmediata como único recurso de audiencia.

